| ¿Es
correcta esta perspectiva?
¿No será demasiado esperanzadora?
¿Es posible pensar que un cambio de actitud sobre la
bipolaridad puede llevarnos a procurar una ayuda significativa
a estos pacientes?
Muchas
veces me hago estas preguntas y siempre llego al mismo lugar:
ver a personas que han recuperado su salud y su vida, sin mutilarse
ni restringirse, y con deseos de construir día a día
su felicidad junto a otras, es un testimonio elocuente de que
algo de razón hay en estos planteos y en el accionar
terapéutico consecuente con ellos.
Es bueno insistir en el hecho de que no se trata sólo
de propuestas genéricas, sino que conllevan consecuencias
prácticas y técnicas concretas (que son exploradas
a lo largo del libro), dirigidas y ordenadas en función
del objetivo central que es despertar el don bipolar. Todas
estas prácticas y estas técnicas están
basadas en una cierta filosofía de trabajo que quiero
acabar de explicitar. Veamos:
Existen en la terapéutica tres grandes vías de
curación, que coinciden con tres grandes vías
de evolución: el amor, la sabiduría y el poder.
La primera vía se refiere a cómo nos transformamos
por la alquimia de los ligaduras afectivas. Dado que ningún
encuentro es casual y como toda relación nos pude cambiar
para mejor, si nos abrimos a una experiencia de auténtico
encuentro con otra persona, podemos tener la esperanza de acceder
a la sanación de nuestras heridas más profundas.
["Si el mundo fue ya no será una porquería,
/ porque en el mundo vivimos vos y yo" (Horacio Ferrer).]
La segunda, consiste en el proceso de aprendizaje que no se
reduce al mero conocimiento intelectual ni académico,
sino que se extiende a la comprensión de la conexión
entre todos los aspectos de la existencia y todas las modalidades
de la sabiduría. (Una curiosidad -una de las tantas que
siempre nos depara la etimología de nuestra lengua-:
la palabra "saber" viene del latín y tiene
la misma raíz que "sabor". Para los antiguos,
un sabio era, sobre todo, aquel que sabía saborear la
vida.)
La tercera, no alude al dominio sobre los demás o sobre
la naturaleza, sino al poder de convocar y suscitar en uno y
en los otros las energías autocurativas capaces de transformar
el dolor en felicidad para lo que nos reste de vida, y así
poder afirmar como Efraín Huerta que -a pesar de la metáfora
fatal y manriqueana de "mar = morir"-: "Nuestras
/ vidas / son los / ríos / que van / a dar / al / amar
/ que es / el vivir".
Estos tres caminos son los que hay que hacer converger en el
tratamiento de los pacientes bipolares: un amor capaz de ejercer
una acción benéfica de metamorfosis sanadora;
una sabiduría suficiente que permita comprender las razones
y los sentidos de un síntoma como un indicador de una
lección que se debe aprender, y el poder de hacer resurgir,
desde dentro de la persona, la potencia y el impulso buscador
del equilibrio y la salud, y la fibra para dejar atrás
las ataduras y fijaciones del pasado.
Desarrollar una terapéutica amorosa, sabia y poderosa
ha de ser el propósito que impulse la práctica
clínica y lo que todo paciente debe buscar en un tratamiento
con el cual se comprometa. Sobre la base de estos valores y
criterios es como podrán desplegarse los caminos o vías
concretas para la recuperación del equilibrio perdido
y del despertar de los talentos dormidos.
En
este sentido, y en paralelo a la instalación del eje
interior (del cual ya hablamos), acto que casi se convierte
en un hecho ritual en el bipolar, los talentos que hay que avivar,
para ayudar al proceso de sanación son: creatividad,
capacidad de detenerse en los matices, asertividad (fruta madura
de la intuición), diversidad (flexibilidad mental) y
capacidad de servicio. Éstos son verdaderos poderes curativos
por sí mismos, sobre los cuales nunca es suficiente la
insistencia (y sobre los cuales aquí solo escribiré
algunas líneas, ya que luego serán abordados extensamente).
1.
El camino de la creatividad
La
curiosidad alimenta la creatividad. El espíritu creativo
camina por el mismo sendero que la bipolaridad y esta sintomatología
es el resultado, en mucho, de un potencial creativo no desarrollado,
mutilado o enfocado equivocadamente. De tal manera que, aunque
la creatividad no es el privilegio de algunos sino una característica
del ser humano, existen personas que poseen un auténtico
talento creativo.
Se asocian a creatividad conceptos como innovación, ingenio,
genio, invención, intuición, originalidad, y el
mismo término sugiere, también, idea de renovación
(renacer cada día), variedad de experiencias, realización,
superación y crecimiento personales por medio de la expresividad,
capacidad de adaptac ión a situaciones y problemas nuevos,
multiplicidad de alternativas, sensibilidad...
Si revisamos este listado vemos toda la influencia que el despliegue
de la capacidad creativa puede tener en la sanación de
una persona y en especial del bipolar, ya que mucho de lo mencionado
constituye rasgos de su personalidad que se encuentran mal encauzados.
Como una talla en madera sin concluir, el bipolar tiene las
asperezas naturales de algo interrumpido en su fin. Convocarlo
a crear lima dichas asperezas y suaviza su carácter y
le permite adquirir una disposición a canalizar por esa
vía la energía que, de otro modo, se descargaría
en la oscilación.
Cuanto
más crea el bipolar, más se equilibra, ya que
la persona creativa puede escapar a la presión del Inconsciente
y los conflictos, expresando sus demandas, mientras que el bipolar
sucumbe ante ellas.
Por
otra parte he aprendido (sobre todo, en carne más propia
de paciente que de terapeuta) que una buena actividad creativa
sustituye una parte de la medicación. No es éste
el lugar para desplegar estos hechos, pero se hace necesario
que mencione, al pasar, que la creatividad provoca un proceso
de balance interesante de la bioquímica cerebral, que
no sólo mejora el estado general del paciente, sino que
le permite disminuir sus dosis de fármacos por compensación
de la estimulación en la producción de "drogas"
endógenas.
2.
El camino de los gradientes
Hemos
insistido en varios lugares (y volveremos a hacerlo) en la necesidad
que tiene el bipolar de aprender a detenerse en los matices,
experiencia que debe acontecer en todos los planos: sensación,
palabra, ideas, vínculos...
El bipolar no tiene grises. Es común que, por ejemplo,
cuando narra algún episodio de su vida, enuncie un titular
(tipo periodístico) y prosiga, como dando por sentado
que todos han entendido con esta media palabra la totalidad
del asunto. Allí los gradientes consisten en pedirle
detalles, es decir, que la persona aprenda a modular la información
y a "armar una secuencia". Hay técnicas de
texturas en las cuales se le pide al paciente que vaya tomando
contacto con diferentes sensaciones táctiles. Lo mismo
con el color, la música, la intensidad vocal, los sabores...
¿Qué se busca con ello? Que la persona se detenga
y experimente intermedios, medios tonos, escalas, y esa experiencia,
que al principio es fundamentalmente sensorial y corporal, se
va haciendo no sólo cuerpo sino inscribiendo también
en el psiquismo. Entonces, a medida que la persona va pintando
con matices, modulando su voz como canto, registrando y diferenciando
dejos y tonillos, va asimilando una mayor capacidad de ampliar
su arco emocional y disminuyendo su oscilación extrema.
La sucesión pausada es un concepto que escapa de la mente
del bipolar cuando funciona inadecuadamente. Su anexión
a su vida implica un paso significativo de crecimiento hacia
la salud que se va a traducir en sus vínculos, sus afectos,
sus rendimientos y su vaivén.
3.
El camino de la asertividad
La
asertividad es la expresión, en la conciencia, de la
actividad intuitiva, reconocida y aceptada. Ser asertivo es
tener certidumbre, firmeza y determinación, y la asertividad
es una afirmación con conciencia de realidad, un juicio
que surge como inmediato, sin duda alguna que lo empañe,
sobre una situación o persona en concreto.
Ser asertivo implica, entonces, dominar una excelente capacidad
para darse cuenta en qué medida los hechos, las personas,
los encuentros y cualquier evento nos afecta en particular,
y a partir de este "conocimiento asertivo", proceder
en consecuencia, sin desvíos, sin miedos, sin encubrimientos
y sin incertidumbres.
El neologismo "asertividad" deriva de la palabra latina
assertio y significa "aserción, aseveración,
afirmación", y por extensión se le puede
dar el sentido de afirmación de la propia personalidad,
confianza en sí mismo, autoestima, aplomo, fe en el éxito,
verdad, vitalidad pujante, comunicación segura y congruente...
En suma, ser asertivo significa aceptar la responsabilidad de
las propias acciones y ser capaz de expresar los pensamientos
y convicciones de una manera clara y honesta.
Tan sólo con volver sobre estas líneas apreciamos
que tal cualidad está ausente en el bipolar, pero no
de una manera estructural, sino meramente funcional, ya que
éste posee una gran intuición.
Ahora bien, la asertividad está faltante en el bipolar
cuando él no es consecuente con lo que intuye; por otra
parte, su dependencia, su necesidad de ser querido y la inseguridad
lo alejan de la firmeza y la determinación.
El bipolar, en este terreno, es como una hoja al viento, parece
carecer de convicciones sólidas, o cuando las tiene,
éstas son más una expresión de fanatismo
que auténticas opiniones personales. Por lo tanto, necesita
desarrollar fuertemente sus capacidades asertivas y, cuando
lo logra, ocurre que mejora de manera sensible su vida, sus
relaciones y su comunicación y, por otra parte, reduce
sus niveles de oscilación desproporcionada. La Psicología
Cognitiva y las técnicas de trabajo asertivo brindan
excelentes herramientas para ayudar en este campo.
4.
El camino de la diversidad
Aquí
nos encontramos con toda una temática bipolar que gira
en torno de abrirse a lo diferente sin perder el eje, ser flexible
sin volverse un "flan", ante el miedo no amurallarse
tras la obstinación, ser resistente pero no duro, ser
dúctil pero capaz de sostener las propias convicciones,
ser tolerante, negociador y elástico evitando la rigidez,
la inflexibilidad y la intransigencia.
La diversidad es en lo mental, lo que la tolerancia en los vínculos,
lo que los matices en lo afectivo y la flexibilidad en el cuerpo.
Un cuerpo enmohecido refleja una mente cerrada. Un afecto estancado
es semejante a un músculo envarado. De manera que un
vínculo obsesivo, una emoción atascada, un organismo
entumecido y un pensamiento dogmatizado confluyen hacia formas
de manifestación diferentes del mismo conflicto. Es "el
mismo perro con distinto collar".
La diversidad, en todos sus ámbitos, genera vigor, fluidez,
amenidad, conexión y balance, y nos aleja de la monotonía
y la indiferencia.
La diversidad también se relaciona con la pluralidad
y la abundancia. Ser plural es la condición de ser propicio
a aceptar lo distinto. Por este sendero, al estar en contacto
con otros puntos de vista y admitirlos como válidos,
no sólo nos mantenemos vivos y en movimiento sino que
además nos enriquecemos y nutrimos, abriéndonos
a la abundancia.
Tanto las técnicas corporales, como las psicológicas,
y las artísticas y expresivas, como el arte dramático,
el baile, la expresión corporal, e inclusive ciertos
deportes fomentan el desarrollo de esta cualidad que permite
al bipolar concebirse como uno en la diversidad, ser espontáneo,
recuperar autoestima, no cerrarse a la interacción ni
a las ideas y alejarse tanto de la actitud de huida de las experiencias
nuevas como de la repetición obsedante de lo mismo.
5.
La capacidad de servicio
Varios
autores señalan la importancia de olvidarse un poco de
uno mismo y poner energía en desarrollar una actividad
de servicio por los otros. ["Con tu puedo y con mi quiero
/ vamos juntos compañero" (Benedetti).]
La asignación de tareas o la elección de un compromiso
comunitario no sólo ayudan a desarrollar la compasión,
el desinterés sano de uno mismo, la preocupación
por el bienestar ajeno y muchos otros valores, sino que también,
en lo que nos ocupa, enseña a las personas a ver la vida
y su propia situación desde una nueva perspectiva. El
paciente bipolar, haciendo estas tareas, se siente útil,
valioso, puede ejercitar la constancia (que tanta falta le hace),
se relaciona con otras personas y, especialmente, se siente
dueño de un proyecto real y concreto que va ejecutando
y en el cual puede verificar los logros.
Esto puede hacer la diferencia y es notable cómo el dar
puede cambiar una vida. Una máxima judía reza:
"Las acciones de dar son el fundamento de la vida"
y el trabajo de servicio pone a las personas cara a cara con
la experiencia amorosa del dar.
Hay que recordar que la bipolaridad nace a partir de una pena
de amor y que la manía puede leerse como una negación
de esa herida y la melancolía como el culparse por creer
haber dañado lo que se amaba. Ambos extremos hacen inviable
el contacto sincero con el amor, que es vivido, en cambio, como
un "torbellino tormentoso".
Para reconciliarse con el sentimiento, poder sanar el egoísmo
y amar a otra persona, lo primero que se tiene que lograr es
estar en contacto estrecho, íntimo y sincero con ella
(dificultad muy marcada en el bipolar). Y la vía del
servicio va desbrozando el camino para permitirle acceder, luego,
a relaciones de amor más ceñidas y personales.
Por otra parte, el servicio refuerza la autoaceptación
y la autoestima. Al dar amor y preocuparnos por los demás,
recibimos amor, gratitud y aceptación, y logramos mejorar
nuestra salud física y psíquica así como
alcanzar mejores niveles de balance emocional. Podría
citar aquí numerosas investigaciones especializadas sobre
este punto, en donde se demuestran los efectos terapéuticos
del trabajo voluntario sobre el organismo, pero me parece mejor
recomendarles un excelente libro de Douglas Lawson que se llama
Dar para vivir.
Shakespeare dice que "es la mente que mantiene vivo al
cuerpo". Debieron pasar siglos para que completáramos
que son los vínculos (sanos) los que mantienen viva (es
decir, sana) a la mente.
El servicio hace converger, en un mismo campo de experiencia,
amor, relaciones, mente y cuerpo, y permite hacer fluir las
energías estancadas, que se transforman en una acción
productiva, que se traduce, así, en un avance importante
en el equilibrio emocional de los bipolares.
|

|